Julita y Gustavo Salmerón en Cooltural Plans - BeCooltural

24 ENE 2018 | 20:30h

Muchos hijos, un mono y un castillo

Unos días antes de que Muchos hijos, un mono y un castillo ganase el Goya a Mejor Película Documental, nosotros pudimos conocer, en Cooltural Plans, a Gustavo Salmerón, su director, y a su protagonista, la gran Julita. El personaje más entrañable y genial que nos ha regalado el cine en los últimos tiempos.

Mientras la presentamos y recordamos el palmarés acumulado (lo ha ganado casi todo dentro y fuera de España) y cómo la crítica se deshace en elogios hacia la cinta, nos cuenta que ella y Boyero ya se han conocido (y abrazado). Y es que hasta el crítico más temido se ha rendido a los pies de Julita y ha declarado que es su heroína a perpetuidad. No nos extraña nada… es imposible no sucumbir a esta fuerza de la naturaleza que es Julita Salmerón.

El documental retrata la vida de la familia Salmerón durante 14 años. Una familia con muchos hijos y en la que durante un tiempo hubo un mono… y hasta un castillo.

Julita  lamenta haber llegado a ser actriz a la edad que tiene “si fuera más joven podría hacer más películas”. Y aunque ofertas no le faltan nos dice, entre risas, que ésta será la primera y la última.

Al preguntar a Gustavo cómo convenció a su madre para grabarla en plena intimidad doméstica durante tantos años, nos cuenta que no cree que ella le tomase muy en serio, al principio, con su mini DV. Ella le reprocha coqueta “si yo se que va a hacer una película, me preparo. Me sentaba en unos sillones con la tripa toda para arriba. Me hubiera pintado, puesto algo de colorete…”.  Pero Gustavo lo tenía claro “la película tenia que transmitir naturalidad, tenía que ser así, en un ambiente casero, natural, no podía estar arreglada”. Julita en estado natural, que en su caso coincide con un constante estado de gracia.

Hablamos de muertos, tema recurrente en la vida de los Salmerón. No por casualidad se pasan media cinta buscando las vértebras de una tía de Julita que conserva como reliquia en algún rincón de su casa. Una casa llena de cosas. “Somos amantes de las cosas- nos confiesa Julita- de todas las cosas que existen”. Gustavo, cuando era pequeño, contemplaba horrorizado esa obsesión de su madre con la muerte. “Sin embargo me di cuenta que cuanto más conexión tienes con la muerte, más te aferras a la vida”.

Hablamos de hijos, de los doce que Julita quería tener (se quedó en seis)… y cómo acabó montando su propio jardín de infancia que convirtió (como no podía ser de otra forma) en una fiesta permanente. Y al que hasta Almodovar fue en una ocasión a dar un Oscar en la fiesta de fin de curso.

Hablamos de Antonio, marido y patriarca. Ese otro gran personaje de la película aunque mucho más discreto y en segundo plano que Julita. Ella, que iba camino de ser monja, no pudo resistirse cuando le conoció y recuerda el noviazgo como una etapa maravillosa. “Me ha durado tanto porque es un hombre paciente y porque lo que le ofrezco le gusta” nos dice. Gustavo, más técnico, nos dice que  su padre funciona muy bien en el guión como contrapunto, como opuesto complementario. A él le hubiera gustado que saliera más, pero su madre le robaba el plano todo el rato. “Bueno, a todos…” añade divertido provocando las risas de los asistentes.

Hablamos del mono y del castillo, queríamos saber cómo había convencido a Antonio para cumplir esos dos sueños… “Yo, todo lo que ofrezco es interesante. Tener muchos hijos es interesante…el mono le encantó. A él era el único que respetaba porque un día quiso agredirle, y él le dio una torta. PUM . Y desde entonces…”

¿Y el castillo? “ Pues le encanto también. ¿Cómo no le iba a gustar?

Mientras tanto nos cuenta anécdotas recientes (e inéditas) de visitas delirantes al médico por unos fuertes picores debajo del pecho, diagnosticando el médico que la causante de dichos males, era que tenía ahí clavada una “despensa” con las migas de pan tostado y hasta una pata de gamba. En la sala retumban las carcajadas. En una comedia normal, para que sea considerada un éxito, suelen oírse 10-15 carcajadas. En el documental, gracias a Julita, ellos han llegado a contabilizar hasta 50. Damos fé.

Gustavo termina alabando esa capacidad de su madre, y de su familia, de reírse ante la adversidad. Hasta la pérdida del castillo se convierte en un motivo para reunir a la familia. Y es que el director confiesa que gracias a esa pérdida (tan grandiosa) consiguió el punto de tragedia o drama que le faltaba a la comedia. Como la dijo un periodista “Julita ha perdido un castillo pero ha ganado una película”. Y nosotros, como Boyero, una heroína a perpetuidad.

Pocas veces en Cooltural Plans un invitado ha recibido una ovación final como la que se le dedicó a Julita y Gustavo Salmerón. Terminamos el acto, con los ojos llorosos de la risa, y con Julita regalando su famoso tenedor a una de los asistentes que previamente le había leído y dedicado un  fragmento del poema de Pablo Neruda “Oda a las cosas“.  Ella ya era musa sin saberlo.

Agradecimientos especiales a Bodegas Valdubón y a espacio Cenital.

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@Luis Gaspar 

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